DE LO POSIBLE A LO IMPOIBLE Y VICEVERSA

De lo imposible a lo posible y viceversa

 

R.Cotarelo

PALINURO

Uno de los libros de Quim Torra, un ensayo literario y antológico por el que recibió el premio Carles Rahola de 2009, es Viaje involuntario a la Catalunya imposible. Con ese título era inevitable que sirviera de base para numerosos juegos de palabras y metáforas. Esta es una de ellas. Por una serie de circunstancias de todos conocidas, la Catalunya imposible, de pronto era posible. Y, apenas sucedía tal cosa, corría el peligro de hacerse imposible de nuevo.
Por su condición de intelectual, el presidente Torra tiene el dominio de la palabra, sabe definir lo real, ponerle nombre, justificarlo, darle perspetiva teórica. Pero cuando la palabra es verbo y se convierte en acción, el intelectual se desconcierta, da un paso atrás. Sin duda, la acción por la acción, los hechos desnudos, sin argumentación, son violencia inútil. Pero la sola teoría, la mera especulación sin aplicación práctica es una ilusión, un espejismo o un engaño.
Por supuesto, los últimos tiempos han acumulado razones más que suficientes para plantear una ruptura entre Catalunya y el Estado y la construcción de la República Catalana. La barbarie de la represión del 1-O justifica la separación entre dos colectividades, una de las cuales se cree con derecho a apalear salvajamente a la otra. Añádase que el 1-O de 2017 es únicamente la manifestación más evidente. Catalunya vive un perpetuo 1-O desde hace años; siglos.
A consecuencia del 1-O de 2017, Puigdemont sostuvo que Catalunya se había ganado el derecho a un Estado propio. Y Quim Torra señala que a él se llegará desobedeciendo a cualquier otro Estado que no sea el Catalán. Al Estado español, obviamente. Pero él mismo no puede olvidar que, al ser el presidente de la Generalitat es el representante del Estado español en Catalunya, según la Constitución vigente. Si no quiere serlo, tendrá que ir contra la Constitución. O sea, tendrá que desobedecer.
Carece de sentido que el máximo representante del Estado en Catalunya anime a la ciudadanía a desobedecer a ese Estado si no empieza por hacerlo él mismo. Y conste que para ello no es precisa violencia alguna. Basta con una declaración de parte (govern, parlament, gente) rechazando el derecho y la jurisdicción españolas en Catalunya.
Porque tiene mucha razón el presidente Sánchez cuando dice, refiriéndose a los hechos del lunes, que con la violencia no se consigue nada. Sánchez es un verdadero crack. A lo mejor se ha dado cuenta de que la violencia bestial aplicada por los franquistas españoles ha sido tan contraproducente para ellos que ha puesto en marcha, por fin, el proceso de su propia aniquilación. Pero que se dé cuenta no quiere decir que haya de actuar en consecuencia con racionalidad y sentido común ni a reconocer el salvajismo del 1-O o a pedir perdón por él. El Estado español siempre acaba devorado por su propia soberbia y fanatismo.
No puede olvidarse que la violencia toma muchas formas. No se reduce solamente a los actos de fuerza, cruentos, de turbulencias callejeras. También es violencia -y peor- una organización estructural de la sociedad que trata de aniquilar a una parte de ella a base de negarle el ejercicio de su derecho más importante: el derecho a ser. Y cuando está en juego la supervivencia de un pueblo a manos de un poder tiránico, deben emplearse todos los medios de defensa posibles, por cargados de consecuencas que estén.
En otros términos, está muy bien y es de aplaudir que el presidente Torra exija hechos al presidente Sánchez y no meras palabras, pero no debe olvidarse que lo mismo debemos exigirnos a nosotros: hechos y no (más) palabras. No basta con decir que la iniquidad debe ser respondida con la desobediencia. Hay que desobedecer. Cada cual en su sitio.
Tampoco basta con afirmar que, si las sentencias en la farsa judicial montada por los neofranquistas españoles son condenatorias, no se aceptarán. Hay que rechazar la farsa en sí misma, negar a los farsantes el derecho a actuar como justicia e impedirles que perpetren una injusticia.
Catalunya entera, con sus mandatarios al frente, debe desobedecer. Y que las consecuencias de la desobediencia recaigan sobre todos, incluidos quienes firman artículos pidiendo la desobediencia.
Hay una Catalunya republicana e independiente posible e inmediata que depende de nuestros actos.
Ya no de nuestras palabras.

Publicado por Ramón Cotarelo e

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