LAOPINIÓN DE ÁLEX; TODOS SOMOS FALOPIANOS

 

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Todos somos falopianos

per Àlex

 

fachafalopiano

Estimado, o no:
Todo empieza en una de las Trompas de Falopio (no confundir con las trompas de Chiquetete). Allí, a mitad de camino entre el ovario y el útero y después de un coito, rodean al óvulo entre 100 y 2000 espermatozoides (dependiendo de los datos de la Delegación del Gobierno o de la Organización). Sólo uno (el Jedi elegido) se desprende de su cola (decisión complicada, no creas) y penetra la corteza del óvulo, que se cierra para todos los demás (tú no, que llevas chanclas). Durante horas, la cabeza del espermatozoide se hunde lentamente en el óvulo. Al fundirse sus núcleos se crea una nueva célula, el zigoto, con 46 cromosomas y el manual de instrucciones para crear al bebé (un poco como un mueble del IKEA). En ese lugar, en la trompa de Falopio, empieza todo (bueno… si haces dos flashbacks empieza en una discoteca y un sólo flashback te dice que el preservativo que compraste en la máquina de la gasolinera llevaba demasiadas semanas recibiendo el calor del sol). Pues bien, en la Trompa de Falopio no hay banderas, ni discursos incendiarios, ni identidades impuestas. Gabriel Falopio, el anatomista italiano del siglo XVI que dio nombre a un lugar tan mágico, no creo que lo dotara de ningún sentimiento patriótico. Porque en el momento de la fecundación poco importa la geolocalización de la Trompa. Sí que resulta importante la geolocalización del nacimiento. Para organizarnos mejor (eso sí, tras unas cuantas guerras) los seres humanos nos inventamos los conceptos de Nación y de Estado, que vendrían a resumirse en un: “daquí pallí tas de sentir esto y dallí pacá tas de sentir lo otro. Y pa que lo recuerdes, aquí tienes el pasaporte”.
Quizás esté equivocado pero yo creo que las identidades son un lienzo en blanco sobre el que pintamos una vida (uf… qué cursi). Hay colores que de alguna manera nos vienen impuestos por circunstancias que no controlamos. La más importante es qué coordenadas elige nuestra madre para lanzarnos al mundo extrauterino. Eso nos da una nacionalidad, un DNI y la excusa para que un imbécil te diga “mira ese plástico en el que sale tu careto en blanco y negro, el nombre de un Estado y una bandera”. Pero es que, además, en ese lienzo hay colores que elegimos nosotros. El porcentaje entre los colores impuestos por las circunstancias y los colores elegidos, lo deberíamos determinar nosotros. Porque, qué quieres que te diga, soy catalán, me siento catalán, adoro a Catalunya por muchas razones pero uno de mis lugares favoritos en el mundo es Cotlliure (concretamente sentado en el banco que hay al lado de la ermita mientras disfrutas del anochecer), o el Quai de la Toumelle en París desde el que se ve Notre Dame, o las páginas de Tokio Blues del japonés Murakami, o la sala de conciertos en la que algún pianista interprete el Nocturno en Mi Bemol Opus 9 Nº 2 de Chopin, o en cualquier concierto de Marillion o el restaurante en el que me sirvan Yakisoba. Amar eso no es ser un facha. Amar eso es amar eso, sentirse vivo, haber descubierto la belleza o los placeres de la vida. Sean de donde sean y estén donde estén.
Amar la tierra no es ser facha (bueno, intentar hacer el amor con la tierra no sé si es ser facha pero sí un poco rarito). Ser facha es otra cosa. Tiene que ver con la imposición. Un facha es un señor que viene con un bote de pintura de un color que no te gusta y te deja TU LIENZO pintado con lo que a él le da la gana. Es alguien que decide por ti, que pretende humillarte por alejarte de su monopensamiento, que utiliza la violencia para invisibilizar tus necesidades, que te cosifica, que anula tus voluntades, que pervierte el sistema y que impone identidades. Eso (entre otras muchas cosas) es un facha.
Repito: amar a tu tierra no es ser facha. No parece recomendable parapetarse detrás de un Ejército para imponer nada a nadie o que se transforme en impulsos sexuales que te lleven a buscar los hoyos de un campo de golf con el culo al aire y una camiseta con la bandera de España. Pero experimentar afecto por el lugar en el que naciste o vives, no es ningún delito. Aunque seguramente parece más positivo hablar de sociedades, de cómo se reparte la riqueza, de cómo se protege a los débiles, de cómo educar a las niños y jóvenes o con qué valores debemos nutrir nuestra manera de organizarnos. Menos patrias y más sociedades. Y si los fachas te han robado los símbolos, quizás deberías pedirles explicaciones.
De todas maneras, lo que sí veo un delito es utilizar la tipografía Comic Sans. Eso debería ir directamente al Tribunal de la Haya.

Àlex | 7 gener 2018 a les 12:40 | Categories: Actualitat | URL: https://wp.me/p156Bm-3o2

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