ÁLEX publicó, el 19/11(2017: EL RESPETO POR EL DOLOR AJENO

per Àlex

guardia

El respeto por el dolor ajeno.

 

Cuando ayer se supo que el fiscal Maza había fallecido leí esta frase en Twitter: el respeto por el dolor ajeno. “Mofarse de la muerte de una persona es algo mezquino, cruel e intolerable. No hay impunidad para los insultos y el odio en las redes sociales”, escribió el ministro Zoido. No debería haberla, pero la hubo en el accidente de Germanwings, la hubo en el fallecimiento de Muriel Casals y la hay cada día cuando los tuits se escriben contra los catalanes, los homosexuales, las víctimas de violación, los inmigrantes y cualquier colectivo sobre el que los inadaptados emocionales lanzan su detritos. Sorprende que la Guardia Civil o el Ministro de Interior se vean atacados de repente por las denuncias a la falta de respeto al dolor ajeno cuando es el equipaje habitual de las redes sociales. Quizás demuestra más mezquindad, bajeza moral y estulticia aprovecharse políticamente del fallecimiento de una persona que alegrarse de su muerte. Pero eso lo dejaremos para la moral de cada uno, que tiene el poder de adaptarse a las necesidades propias para que el sistema de creencias que desarrollamos no sufra demasiadas disonancias y podamos creer que somos los supermanes de la moral universal.
No sé si estoy de acuerdo con que, en principio, no deberíamos alegrarnos de la muerte de nadie. Supongo que los represaliados por regímenes dictatoriales no deben mostrar mucha tristeza cuando el causante de su dolor desaparece. Sí que estoy de acuerdo con que tampoco deberíamos exteriorizar mucho esta alegría. Al fin y al cabo, al fallecido poco le importa ya que un tuitero escriba alguna broma de mal gusto. Pero hay familiares y conocidos que no deben tener mucha culpa de las actuaciones en vida del finado. Y a estas personas hay que respetarlas. Por supuesto. Lo que sucede es que normalmente no es la muerte la que nos otorga dignidad. Es la vida. Son los años que transcurren entre nuestro nacimiento y nuestra muerte los que cargan las baterías de la dignidad, los que dan todo el sentido del mundo a exigir respeto cuando llega nuestra última hora. Todos merecemos respeto por el simple hecho de adquirir la condición de seres vivos. Sin embargo, los pluses de dignidad, de integridad o de humanidad, ese sello que nos distingue como un ser humano completo, que ha respetado, que ha amado y que ha mejorado la vida de los que le han rodeado, nos los debemos ganar. Repito: no es la muerte la que nos hace dignos. Es la vida.
Y en la obtención de esa dignidad, que va más allá de nuestra condición de seres vivos, está el respeto al dolor ajeno. Por ejemplo, respetar el dolor ajeno es no llamar “más dura será la caída” al archivo con el que la Fiscalía tituló el comunicado de las querellas contra Puigdemont y Forcadell. El respeto al dolor ajeno es no utilizar fotos de víctimas del terrorismo en las portadas de los periódicos para apelar al morbo como palanca de atracción de lectores. El respeto al dolor ajeno es no lanzar pelotas de goma a personas indefensas que tratan de no ahogarse en el mar.  El respeto al dolor ajeno es acoger el cupo de inmigrantes al que el gobierno se comprometió a acoger. El respeto al dolor ajeno es no realizar juicios televisivos paralelos y convertir en culpable a una víctima de violación. El respeto al dolor ajeno también se extiende a animales que no deberían ser motivo de lamentables espectáculos crueles y sangrientos. El respeto al dolor ajeno es la distancia entre una porra y una cabeza inocente. El respeto al dolor ajeno es el aire que separa una patada voladora de un manifestante que está en el suelo. Y el respeto al dolor ajeno es no gritar “a por ellos”. Toda la sociedad debería implicarse en el respeto al dolor ajeno. Sobre todo al dolor ajeno que se experimenta en vida, cuando el poder se ceba con los más débiles, a los que niega voz y convierte en una masa anónima a la cual se le puede despojar de derechos tan elementales como la libertad de expresión con total impunidad.
Dice el Eclesiastés que “todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer y un tiempo para morir”. Entre ese primer segundo y el último aliento hay muchos instantes para decidir cuánta dignidad queremos dejar en herencia. No es quién nos llora. Es a quién lloramos.

Àlex | 19 Novembre 2017 a les 10:54 | Categories: Actualitat | URL: https://wp.me/p156

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