LA REVOLUCION DE LAS AGENDAS

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 La revolución de la agendas: la independencia avanza en lo cotidiano

 Autora: Elvira Durán Costell

Hace días que me ronda por la cabeza este post, pero ha sido difícil encontrar un rato para escribirlo porque mi agenda está a tope. Supongo que estos últimos meses habéis escuchado más de una vez frases del tipo “el proceso se está enfriando” , “el independentismo sufre un momento de bloqueo o desorientación”, “el apoyo a la independencia está estancando en un porcentaje que no asegura una victoria clara”, etc. Y si habéis buscado los argumentos que se utilizan para explicar esta situación, habréis encontrado noticias sobre las discrepancias entre los partidos que defienden la independencia, sobre la dificultad de pactar una hoja de ruta,… y de vez en cuando una referencia a la bajada de intensidad en la presencia de la movilización independentista en la calle. Dejo para otro momento mi análisis sobre éstos argumentos porque prefiero contaros otra parte de la historia de lo que está pasando. Una parte de la historia que es bastante desconocida, pero que explica el avance, silencioso pero implacable, del apoyo social a la independencia.
He empezado diciendo que lo he tenido difícil para encontrar este rato para escribir porque tengo la agenda a tope. De hecho mi respuesta típica cuando me encuentro con alguien que me habla del enfriamiento del independentismo es “pues mi agenda todavía no lo ha notado, sigue echando humo”. Y creédme que no lo digo para hacerme la importante sino para poder explicar cuál es la clave para tomar el pulso al independentismo: los miles de personas que continúan trabajando por la independencia en su día a día. Agendas de personas corrientes llenas de citas de reuniones, estands informativos en la calle, debates y tertulias, buzoneo de folletos, elaboración de contenidos de folletos y vídeos, actos en centros cívicos y en la calle,…En alguno de mis post anteriores ya os explicaba que ésta era para mí una de las mejores experiencias de lo estamos viviendo en Cataluña y que por eso considero una suerte que toda esta movida me haya pillado viviendo en Barcelona. La suerte de poder ser ciudadana activa en un proceso de transformación política que abre todas las posibilidades de cambio imaginables y que te sumerge en una marea de activismo ciudadano. Un activismo en que todos somos conscientes de que la aportación de cada uno es imprescindible y es la mejor garantía de la viabilidad de la independencia.
Un activismo cotidiano que ha transformado nuestras agendas personales:
– Las ha llenado de nombres de personas con las que trabajamos codo a codo y que hace unos meses no las conocíamos de nada, y ni siquiera frecuentábamos los mismos lugares o actividades.
– Ha “invadido” las horas que teníamos reservadas para el ocio, las actividades culturales o las actividades en familia con actividades para hacer difusión de la independencia – como la oportunidad y la herramienta para construir una sociedad mejor-. Muchas de ellas son también actividades en familia o con amigos. Activismo político en familia, un clásico que estaba olvidado y que el proceso ha rescatado.
– Ha ampliado de una manera increíble nuestra lista de barrios, pueblos y ciudades de los que podemos decir “yo he estado allí”. Ciudadanos de Barcelona y del área metropolitana redescubriendo la Cataluña interior, más allá de su condición de destino turístico o vacacional, como “su propio país”. Ciudadanos de pueblos y ciudades de toda Cataluña descubriendo y encontrando aliados para la construcción de la Cataluña independiente en los municipios metropolitanos, incluso en aquellos de los que nunca lo hubieran esperado.
Estoy convencida de que si cada uno de nosotros nos pusiéramos a hacer una lista de personas, lugares, entidades, actividades,… nuevas que han aparecido en nuestras agendas desde, por ejemplo, la manifestación del 11 de septiembre de 2012, nosotros mismos nos sorprenderíamos. Y quizá sea una ingenua o me pase de optimista, pero éste es el dato que me hace vivir el día a día del proceso hacia la independencia con ilusión y esperanza. Quizá la “revolución de las agendas” no tiene la épica ni la espectacularidad de otras revoluciones famosas, pero tiene la solidez y la profundidad de las revoluciones que se enraízan en el compromiso personal, valiente y lúcido, de la gente normal, del ciudadano de a pie. Una solidez y una profundidad que además es la mejor preparación para el primer y más gran reto del independentismo una vez haya ganado el apoyo mayoritario en las urnas el próximo 27 de septiembre: el proceso constituyente de un nuevo país. Un proceso constituyente que necesitará de un esfuerzo redoblado del activismo ciudadano para construir un país con todos y para todos.
Elvira Durán Costell | 3 mayo, 2015
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